El órgano encargado de controlar los gasto de gobierno; y por primera vez un opositor político controla los números provinciales con ojos críticos.Algunas voces desde el panal dicen que el juecista controla con ojos políticos y que usa el cargo para hacer oposición a Martín Llaryora, mientras tanto Corvalán, desde la histórica casona de calle Rivera Indarte en el centro de la ciudad asegura que su función es «eminentemente técnica», «Llaryora dice que él no puede gobernar porque nosotros ponemos trabas, ellos estaban acostumbrados a que esto sea una verdadera escribanía», asegura.
Corvalán insiste en que no hace su trabajo desde la política y dice: «los expedientes que están bien salen y los que están mal se observan», mientras pone el ojo en expedientes que llegan con el rótulo de «gastos globales» que no indican «con quién se contrata, cómo se contrata y con qué importe», mientras asegura que no cumplen con lo que establece la ley.
«Ahora los cordobeses quieren saber» concluye el funcionario opositor para explicar el celo que pone en su trabajo, y que de ninguna manera va a reconocer que cumple con su función desde la política, aunque la realidad indica que hasta ahora nadie ha encontrado nada que reprocharle en su actividad.
Por lo que explica el Presidente del Tribunal de Cuentas provincial, el control ejercido sobre los gastos del gobierno provincial hace que los funcionarios de Martín Llaryora se esmeren en la claridad a la hora de presentar la documentación al órgano de control, y si ese fuera todo el problema los cordobeses salen ganando; y aunque es difícil de creer que Beltrán Corvalán no hace aunque sea un poco de política desde su función, bastaría con que quienes se sientan damnificados hagan sus reclamos en la forma que corresponde, al fin y al cabo se supone que así funciona la democracia.